DIOS SE HACE DEPENDIENTE DE LA LIBERTAD DE LA CRIATURA
12 Julio 2010

El nexo entre la Madre de Dios y el sacerdocio
El pasado 12 de agosto, en la inminencia de la solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen, S.S. Benedicto XVI [1], manifestó su deseo de hablar, en el contexto del Año sacerdotal, del nexo entre la Madre de Dios y el sacerdocio. Traducimos la alocución pontificia, ausente todavía en la página web del Vaticano la versión española:
[DIOS PENDIENTE DE LA LIBERTAD DE LA VIRGEN MARÍA]
“…Un nexo profundamente radicado en la Encarnación. Cuando Dios decide hacerse hombre en su Hijo, necesitaba de su criatura un «sí» libre. Dios no obra contra nuestra libertad. Y sucede algo verdaderamente extraordinario. Dios se hace dependiente de la libertad, del «sí» de una criatura suya, espera este «sí». San Bernardo de Claraval, en una de sus Homilías, ha explicado de modo dramático este momento decisivo de la historia universal, en el que el cielo, la tierra y Dios mismo esperan qué dirá esta criatura.
El «sí» de María es por tanto la puerta a través de la cual Dios ha podido entrar en el mundo, hacerse hombre. Así, María es real y profundamente introducida (coinvolta) en el misterio de la Encarnación, de nuestra salvación. Y la Encarnación, el hacerse hombre del Hijo, desde el inicio estaba finalizada al don de sí, al donarse con mucho amor en la Cruz, para hacerse pan para la vida del mundo. Así sacrificio, sacerdocio y Encarnación van juntos y María se halla en el centro de este misterio.
[MARÍA Y EL DISCÍPULO PREDILECTO AL PIE DE LA CRUZ]
Vayamos ahora a la Cruz. Jesús, antes de morir, ve al pie de la Cruz a la Madre, y ve al hijo amado. Este hijo amado es ciertamente una persona, un individuo muy importante, pero es más que eso: es un ejemplo, una prefiguración de todos los discípulos amados, de todas las personas llamadas por el Señor para ser «discípulo amado» y, por consiguiente, de modo particular, los sacerdotes. Jesús dice a María: "Madre ahí tienes a tu hijo" (Jn 19, 26). Es una especie de testamento: confía su madre al cuidado de su hijo, el discípulo. Pero también dice al discípulo, "He aquí a tu madre" (Jn 19, 27). El Evangelio nos dice que desde ese momento san Juan, el hijo predilecto, tomó a la madre, María, «en la propia casa». Así se dice en la traducción italiana, pero el texto griego es mucho más profundo, mucho más rico. Podemos traducirlo: acogió a María en lo íntimo de su vida, de su ser, «eis tà ìdia», en la profundidad de su ser. Tomar consigo a María, significa introducirla en el dinamismo de la entera propia existencia – no es algo exterior - y en todo lo que constituye el horizonte del propio apostolado.
Me parece, por lo tanto, comprensible que la relación especial de maternidad existente entre María y los sacerdotes constituya la fuente primaria, el motivo fundamental de la predilección que nutre para cada uno de ellos. María, en efecto, los ama con predilección, por dos razones: porque se asemejan más a Jesús, el amor supremo de su corazón, y porque, como Él, están comprometidos en la misión de anunciar , testimoniar y dar a Cristo al mundo. Para su identificación y conformación sacramental a Jesús, Hijo de Dios e Hijo de María, todo sacerdote puede y debe sentirse realmente hijo predilecto de esta altísima y humildísima Madre.
[ORACIÓN A MARÍA, MADRE DE LOS SACERDOTES]
El Concilio Vaticano II invita a los sacerdotes a mirar a María como al modelo perfecto de su propia existencia, invocándola "Madre del Sumo y Eterno Sacerdote, Reina de los Apóstoles, Auxilio de los sacerdotes en su ministerio". Y los sacerdotes – continúa el Concilio - "deben venerarla y amarla con devoción filial" (cfr. Presbyterorum Ordinis, 18). El Santo Cura de Ars, en el cual pensamos particularmente en todo en este año, le gustaba decir: "Jesucristo, después de haber dado todo lo que podía dar, todavía nos quiere herederos de todo lo que tiene más precioso, es decir, su Santa Madre "(B. Nodet, el pensamiento y el alma de la cura de Ars, Turín 1967, p. 305). Esto se aplica a todos los cristianos, para todos nosotros, pero especialmente a los sacerdotes. Queridos hermanos y hermanas, oremos para que María haga a todos los sacerdotes, en todos los problemas del mundo de hoy, conformes a la imagen de su Hijo Jesús, dispensadores del inapreciable tesoro de su amor de Buen Pastor. María, Madre de los sacerdotes, ruega por nosotros!
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[1] Benedicto XVI, Audiencia general, CastelGandolfo, 12 agosto 2009

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