San Felipe Neri y el Cura de Ars: el don de la alegría en el Año Sacerdotal
18 Junio 2010
Si hay algo que comparten San Felipe Neri y San Juan María Vianney es la alegría sacerdotal, expresión de una madurez vital profunda y de una fe vivida en permanente interioridad. Aunque entre el insigne sacerdote italiano y el sencillo confesor frances transcurren más de doscientos años, ambos personifican el don de la alegría ejercido de manera especial en la cura de almas.
En este Año Sacerdotal, donde se enriquecen los valores propios de la identidad sacerdotal, la alegría es una virtud que hace de aquella la quintaesencia del ministerio para con Dios y las personas. Son tres los motivos que adornan tal valor, siguiendo los ejemplos del santo de la alegría y del cura de Ars.
La alegría como sentimiento vital emana de la propia existencia. Si dejamos que nuestro cuerpo y nuestro espíritu se dejan invadir por la energía de la naturaleza, nos sentiremos inundados de la paz, la fuerza, el orden y la belleza de la sinfonía de la Creación. Y es que la vida en sí misma, con sus alegrías y sufrimientos, es un generador constante de alegría. El sacerdocio que nace de la vida que late en las personas, es semilla de una alegría plenamente sacerdotal. En S. Felipe Neri, la alegría es una necesidad y una fuerza vital en la vida, siendo indispensable para la salud corporal y espiritual; en el cura de Ars, la alegría no suprime el sufrimiento, sino que lo alivia y lo transforma. Por ello, estar abiertos a la vida, proyectándonos sobre ella con amor y con ternura, es la forma más sencilla y natural de enriquecernos con la alegría más sana y auténtica, la que rezuma a raudales la vida que nos rodea. Así lo vivieron Felipe Neri y Juan María Vianney.
La alegría se aprende y se experimenta. El aprendizaje de la alegría debería ser tarea primordial en la familia y en la escuela. R. Guardini (2000) decía que "educamos más por lo que somos que por lo que hacemos o decimos…". En el caso del cura de Ars, su vida es una permanente vivencia de la pobreza y del sufrimiento desde la óptica de la alegría, siendo entusiasta y esperanzador para las personas que le rodeaban. De ahí que su ejemplo de vida arrastrara a las multitudes hacia él. Lo mismo que la existencia del santo italiano, cuyo servicio al prójimo se basó en la alegría de compartir la propia vida. Alegría que vive y transforma y alegría que comparte son elementos esenciales de una identidad sacerdotal sana y madura. En este sentido, desde la dimensión bautismal del sacerdocio, la alegría es la encarnación de los valores humanos que debe ser vivida de manera experiencial para con uno mismo y con los demás. Si lo extrapolamos al sacerdocio ministerial, esa encarnación ha de ser fruto de una donación a quién es de verdad la Alegría que colma las ansias del ser humano.
La alegría se descubre: “… si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos” (Mt. 18, 2-4). El niño descubre la alegría al sentir su propia vitalidad y su propio cuerpo en relación con el mundo que le rodea. Conservar el asombro infantil en el mundo de hoy no es tarea fácil, porque mucho en la educación tiende a la rutinarización y al hastío, maximizados por la tecnificación de los sentimientos y de las emociones. Sin embargo, a través de la vida se conserva el carácter libre y sagrado del corazón que es un motivo de reverencia a la alegría. El sentido del humor y la capacidad de reirse de sí mismo en Felipe Neri era la nota distintiva del “más italiano de los santos”, como se le suele apodar. Cuando Felipe Neri salía a la calle, enseguida lo rodeaba un coro de chicos con los que hablaba y reía. Sentía predilección por los más pobres, no sólo niños sino también jóvenes a quienes entretenía con juegos, conciertos y paseos. Los educaba en el deporte, la música y la declamación. No solo descubría la alegría, sino que además lo sembraba a raudales. En referencia a S. Juan María Vianney, la alegría lo descubría en la mesa de la Eucarístía, signo y memorial de entrega y servicio; para este sacerdote humilde y pobre, la fuente de la verdadera alegría está en vivir lo que se celebra, para lo cual escribió en una ocasión que “el sacerdote debe sentir la misma alegría (de los Apóstoles) al ver a nuestro Señor, al que tiene entre las manos”. Por ello, Benedicto XVI indica que “la religión del Cura de Ars es una religión de la alegría, no una búsqueda morbosa de la mortificación, como a veces se ha creido” (Videomensaje de SS Benedicto XVI en el Retiro Internacional Sacerdotal en Ars -Francia-, 29 de septiembre de 2009).
Felipe Neri y Juan María Vianney, el santo de la alegría y el cura de Ars, dos ejemplos de vida en clave de alegría. Para ellos, la pedagogía de la alegría se basa en la otredad y en su expresion más caritativa a través del sacrificio eucarístico. "No se puede ordenar la alegría. Sólo se la puede dar. El Señor resucitado nos da la alegría: la verdadera vida" (Benedicto XVI, Homilía de la Vigilia Pascual, 3 de abril de 2010).
Juan Ramón Jiménez Simón

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