Testimonios de sacerdotes
San Josemaría y el sacerdocio
22 Noviembre 2011
Ofrecemos una selección de textos de San Josemaría Escriva sobre el sacerdote y la dignidad sacerdotal:
1- La homilia “Sacerdote para la eternidad” que San Josemaría pronunció el 13 de abril de 1973.
2- , "La lucha interior" homilia pronunciada el 4 de abril de 1971, Domingo de Ramos (capítulo 8, pto. 79 de Es Cristo que pasa).
3- Punto núm. 5 de "Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer":
Acentuaría un rasgo de la existencia sacerdotal que no pertenece precisamente a la categoría de los elementos mudables y perecederos. Me refiero a la perfecta unión que debe darse —y el Decreto Presbyterorum Ordinis lo recuerda repetidas veces— entre consagración y misión del sacerdote: o lo que es lo mismo, entre vida personal de piedad y ejercicio del sacerdocio ministerial, entre las relaciones filiales del sacerdote con Dios y sus relaciones pastorales y fraternas con los hombres. No creo en la eficacia ministerial del sacerdote que no sea hombre de oración.
4- Número 66 de Camino: El Sacerdote —quien sea— es siempre otro Cristo.
5- Número 882 de Forja: Ser cristiano —y de modo particular ser sacerdote; recordando también que todos los bautizados participamos del sacerdocio real— es estar de continuo en la Cruz.
Sin presbíteros no hay Iglesia, por Patianus
07 Julio 2011
Esta semana Germinans germinabit ha sacado a la luz la primera parte de un informe sobre los planes de formación de agentes de pastoral en Cataluña. Patianus reflexiona sobre lo que puede estar detrás de esos planes y la necesidad de dedicar todas las energías posibles a la pastoral vocacional, verdadero futuro de cualquier iglesia local.
Sin presbíteros no hay Iglesia
Lo peor de determinadas pastorales inocuas e inanes no es que hayan quemado el campo de las vocaciones al sacerdocio. No, lo peor es que quieren cubrir ese déficit echando cemento para cubrir su fracaso. De las cenizas de un campo quemado puede resurgir la vida si se le abona adecuadamente. De un campo de cemento no se puede cosechar nada. Pues bien, preparar a laicos para que sean agentes de pastoral con la idea de que sustituyan permanentemente a los sacerdotes, es echar cemento en el campo de la Iglesia en Cataluña.
La solución a la falta de sacerdotes no puede ser nunca el esperar a que la Iglesia cambie el modelo de sacerdocio tradicional, ni hacer que los laicos se encarguen de aquello que corresponde a los ministros ordenados. Cristo quiso que su Iglesia fuera gobernada por pastores. Poner a ovejas a hacer la función de los pastores puede solucionar temporalmente alguna situación extrema, pero no es esa la voluntad de Dios para su Iglesia.
Desde muy temprano la Iglesia fue consciente del papel imprescindible del ministerio ordenado:
De la misma manera, que todos respeten a los diáconos como a Jesucristo, tal como deben respetar al obispo como tipo que es del Padre y a los presbíteros como concilio de Dios y como colegio de los apóstoles. Aparte de ellos no hay ni aun el nombre de iglesia.(Epístola a los Trallianos, III San Ignacio de Antioquia)
Sólo desde la ignorancia o la negación de la doctrina católica sobre el sacerdocio se pueden plantear soluciones que se basan en una hipotética perpetuación de la ausencia de presbíteros en comunidades parroquiales. El sacerdote, y sólo él, actúa "in persona Christi", tanto al celebrar el sacrificio de la misa como al administrar los sacramentos. Y no hay laico, por muy preparado que esté, que pueda sustituir al presbítero en ese papel, tan fundamental, queridos hermanos, que del mismo depende la salud espiritual de toda la comunidad cristiana.
En un discurso a la Asamblea Plenaria de la Congregación para
el Clero, el Siervo de Dios Juan Pablo II advirtió de que "tener un sacerdote como pastor es de fundamental importancia para la parroquia. El título de pastor está reservado específicamente al sacerdote. En efecto, el orden sagrado del presbiterado representa para él la condición indispensable e imprescindible para ser nombrado válidamente párroco. Ciertamente, los demás fieles pueden colaborar activamente con él, incluso a tiempo completo, pero, al no haber recibido el sacerdocio ministerial, no pueden sustituirlo como pastor."
¿Puede por tanto ser fiel a la Iglesia una pastoral que busque la formación como agentes pastorales permanentes de quienes no pueden ser pastores? ¿No se estará aprovechando una situación desdichada, la falta de nuevos sacerdotes, para introducir un modelo de comunidad parroquial en la que no sea necesaria la presencia del presbítero?
No tiene sentido que quienes han echado agua al fuego de las vocaciones sacerdotales pretendan hacernos comulgar con ruedas de molino, vendiéndonos la moto de los agentes de pastoral laicos. La solución para las comunidades que se quedan sin presbítero no es que de las mismas salgan laicos dispuestos a ocupar el lugar del sacerdote, sino que salgan jóvenes dispuestos a ser curas. Si cada parroquia "diera a luz" un sacerdote, el problema estaría resuelto. Que nadie piense que Dios no sigue avivando el fuego de la vocación sacerdotal en el corazón de nuestros hijos. Más bien pensemos cómo preparar esos corazones para que sepan responder con un "Heme aquí, envíame a mí" (Is 6,8) al llamamiento de Dios.
"La Última Cima", largometraje sobre sacerdote español, se estrena hoy en Madrid
07 Julio 2011
Madrid (Jueves, 03-06-2010, Gaudium Press) "Los expertos me lo han dicho; si hoy crucifico a un sacerdote en público, voy a tener éxito y me van a dar importantes premios. Si, por el contrario, hablo bien de un cura, me van a crucificar a mí... pues... tengo un problema, porque he conocido a un sacerdote ¡buenísimo!, y me encantaría contarlo": con estas palabras Juan Manuel Cotelo, productor español, da inicio al largometraje-documental "La Última Cima", que él dirigió, y que se estrena hoy en Madrid, y el 11 de junio en las ciudades españolas de Valencia, Bilbao y Sevilla.
El largometraje -que fue producido por Infinito más Uno, productora española de películas, documentales y series para televisión-, habla sobre la huella que dejó en las personas Pablo Domínguez, un sacerdote español, oriundo de Madrid, que falleció a sus 42 años entregando su vida a Dios en la cima de una montaña.
"A primera vista se podría pensar que la vida de Pablo no da para una película, porque no es pederasta, no es mujeriego, no es ladrón, tampoco es exorcista, no es misionero en la selva, no es fundador de una nueva institución de la Iglesia, no es, ni siquiera, párroco; y sin embargo, estoy convencido de que la vida de Pablo merece la pena ser conocida, porque Pablo no es, nada más y nada menos, que un buen cura", continuó Cotelo explicando la razón principal que lo llevó a producir el filme.
Más adelante, el productor, también habló sobre lo que significó para él acercarse al testimonio de vida del Padre Pablo: "Investigar sobre un cura es arriesgado, porque primero empiezas por un cura, luego te preguntas por todos los sacerdotes, después quieres saber sobre la fe, quieres averiguar sobre las cosas de la Iglesia, y, al final, te terminas preguntando ¿Qué pinta Dios en todo esto?... el problema es que quieres contarlo, porque lo que descubres es muy fuerte".
Era un sacerdote alegre y simpático
De Pablo se dice, y como refleja el largometraje, era un sacerdote alegre, divertido y simpático, incluso en las situaciones más difíciles, pero sobre todo con un gran amor a Dios que irradiaba y contagiaba, especialmente en las misas que presidía -las cuales se llenaban porque a los fieles les gustaba escuchar su prédica-, y en el contacto con las personas, quienes siempre vieron en él a un amigo.
El sacerdote, además, era un apasionado por el montañismo, tanto así que llegó a coronar varias cumbres españolas de más de 2.000 metros, y otras cimas en Asia y América, lugares en los que, cuando le era posible, llegó a celebrar varias eucaristías. Su afecto por alcanzar las cumbres más altas era tan grande que, incluso, un día llegó a expresar que quería morir en la cima de una montaña.
En efecto esto ocurrió: en febrero de 2009, Pablo, un día después de realizar unos ejercicios espirituales en el convento cisterciense en Tulebras en Navarra, España, subió al monte Moncayo, ubicado también en su país natal, donde entregó su vida a Dios. En el largometraje se narra que minutos antes de morir le dijo por teléfono a su familia: "He llegado a la cima", las cuales se convirtieron en sus últimas palabras.
Mayor información sobre el filme en www.laultimacima.com
Gaudium Press / Sonia Trujillo
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